Yo soy el mar en calma,
a la espera de un navegante solitario.
A lo lejos, le veo, le observo;
él, también me mira.
Yo ocupo la extensión
que su mirada puede abarcar.
Distancia donde danzan los rayos del sol
sobre la superficie del agua.
Mientras mis olas, provocativas,
se retiran de la arena
para al momento regresar
cual amante caprichoso.
Mi navegante,
en su distancia comprueba
lo difícil que es separar el cielo del mar.
Y yo como mar compruebo
lo difícil que es abandonar al navegante.
Los dos, navegante y mar
somos incapaces de distinguir
los sentimientos de la realidad.
Blanka – OjosCaramelo