viernes, 31 de mayo de 2013

BAJO UNA ACACIA IV


Mientras Brais se  iba acercando a la mesa de Silke se fue fijando en las dos mujeres que habían llamado la atención a David, llegando a la conclusión de que Silke y la chica desconocida si que se daban ese aire del que hablaba su amigo. Complexión similar. El pelo ondulado, que aunque de longitud similar, el color variaba por muy poco, siendo unos tonos más oscuros el pelo de Silke que el de la otra chica, que era más rubia. Las dos con ojos de forma almendrada, más grandes los de Silke y con un color verde impactante frente a los castaños de la desconocida. Esto tendría que aclarárselo después a David.
Llegó a la mesa siendo observado por la chica desconocida que parecía haberse dado cuenta de que la había estado observando, al contrario que Silke que seguía enfrascada en su libro.
Brais comenzó la conversación con un hola abierto que despertó de su concentración a Silke que respondió asustada con otro hola y a punto estuvo de saltar y salir corriendo al comprobar quien se dirigía a ella.
- ¿Qué tal todo? Hacía mucho tiempo que no te veía… - Continuó Brais.
- Pues todo bien como siempre, sin mucha novedad que contar. - Respondió ella.
- Bueno, a veces eso es ya una buena noticia
- La verdad es que sí, aunque de vez en cuando también se agradece algún cambio.
- Sí, también es cierto. ¿Y cómo es que estás por esta zona?
- He llegado de casualidad, salí de casa con la intención de dar un paseo pero al final me tuve que guarecer de la lluvia.
- ¡Vaya! Siento lo de tu paseo.
- Son cosas que pasan, de todas formas he aprovechado para leer. ¿Y tú?
- Pues creo que nos ha pasado prácticamente lo mismo. Salí a dar un paseo con un amigo y al final tomaremos unas cañas antes de volver a casa. Y ahí le he dejado solo, tendré que ir a ver qué hace.
- Muy bien. ¡Me alegro de haberte visto!
- ¡Igualmente! ¡Hasta otra!

Y Brais se volvió a la mesa con David.

Blanka


sábado, 18 de mayo de 2013

BAJO UNA ACACIA III


La puerta de la cafetería se abrió y entraron un par de grupos de amigos montando ruido, por lo que Silke despegó la mirada pero enseguida se volvió a centrar en su lectura. No llegaron ni a pasar ni cinco minutos, cuando Brais entró junto con un amigo en la cafería. Venían riendo y sacudiéndose la lluvia que había vuelto a caer con fuerza e incluso a lo lejos se veían relámpagos. Se sentaron en una mesa en el lado opuesto de donde se encontraba Silke, que ni se había dado cuenta de su presencia. El lugar escogido por ellos dos, dejaba a David de frente a Silke y a Brais de espaldas.
Cuando ambos pidieron al camarero unas cañas y daban el primer sorbo, David echó una miradita por la cafetería. Mientras lo hacía Brais se  reía y movía la cabeza con gesto de negación, y dijo:
- ¡Ay que ver! ¡¿No cambias, eh?!
- Deformación profesional - le respondió.

Los dos se rieron, aunque David siguió curioseando hasta que sus ojos se pararon en un punto concreto del bar, y comentó:
- ¡Uff! ¡Vaya par de hermanas!
- ¿De hermanas? - Preguntó Brais
- Si no son hermanas, se dan un aire - Respondió David.
- ¿Dónde?
- Justo en la otra punta del bar. Una enfrascada en un portátil y la otra leyendo.


Brais se gira y es cuando reconoce a Silke y le dice a su amigo:
- No son hermanas.
- ¿Las conoces? - Preguntó David intrigado.
- Sólo a una de ellas, que por cierto es amiga de Susana.
- ¿Qué? - Dijo extrañado David
- Si, como lo oyes. ¿Susana no te ha presentado nunca a Silke?
- No, aunque ha salido alguna vez ese nombre en alguna conversación, pero nada más.
- Pues debes ser al único al que no se la presentado.
- ¿Esa chica es Silke? ¡Quien lo iba a decir! Voy a tener que hablar seriamente con Susana. - Medita en voz alta David.
- ¿Por? ¿Sabes algo que yo no sepa? - Preguntó extrañado Brais
- No sé si debería contártelo pero cuando me lo contó Susana no pude dejar de reírme en días. Por lo visto se la presentó al chulo de Armando, así en plan cita a ciegas. Y ella ni corta ni perezosa en un despiste se piró. Y les dejó plantados allí, a la propia Susana, a Marcos y a Armando.
- ¡No me digas! - Exclamó Brais y empezó a reírse con ganas, como si no lo hubiese hecho nunca, y en realidad era cierto. Hacía varios meses que no se reía así.

En cuanto pudo controlar la risa, Brais comunicó a David que se acercaba a saludar a Silke.
- Voy a acercarme a saludar, enseguida vuelvo.
- Tómate el tiempo que quieras.

Blanka




viernes, 10 de mayo de 2013

BAJO UNA ACACIA II


Así que ahí estaba, sentada justo en la mesa que ofrece una visión perfecta de toda la cafetería. Mientras esperaba sentada comenzó a sentir ansiedad y cada vez que se abría la puerta daba un saltito involuntario en la silla e incluso sentía un cosquilleo por las piernas cada vez que escuchaba una voz profunda. Se llegó a decir a sí misma que parecía una psicópata acosadora y que si Brais no aparecía, no volvería a hacer una locura de este tipo otra vez.
Silke salió de sus pensamientos gracias a la chica que estaba sentada en la mesa de al lado con su portátil. Esta chica dijo en voz alta y con una clara intención de ser escuchada: “A ver que yo aquí vengo por la wifi no por la cerveza”
El comentario iba dirigido de una manera obvia al camarero que a su vez sonrió y se dirigió hacia la chica para decirle:
-¡Ya estamos Bárbara!
- Si no te digo estas cosas ni te enteras que estoy aquí.
- ¡¿Cómo que no?!
- ¡Ingrato! ¿Qué tal el día?
…..

Silke, viendo que estos dos se conocían y que probablemente eran amigos, se centró en su situación, miró por la ventana y se fijó en que había dejado de llover aunque el cielo pronosticaba una tormenta y de las grandes. Menos mal que había sido previsora y se había traído un libro, que acompañado de un batido estaba haciendo muy llevadera esa tarde lluviosa después de todo.
Con la mirada aún perdida en el exterior tanteó buscando su marca páginas personalizado, y se enfrascó en la lectura ignorando todo a su alrededor.

La puerta de la cafetería se abrió y…



sábado, 4 de mayo de 2013

BAJO UNA ACACIA I.




Silke se acercó a la cafetería. Hacía tiempo que no le veía, aunque lo peor que llevaba era su falta de noticias. Sólo había charlado con Brais un par de veces, nada memorable. Fueron unas conversaciones tan educadas como intrascendentes. Pero que aún sin ser muy relevantes, para ella habían significado mucho, tanto como poder dejar de sentirse invisible. Él podía no hacerla mucho caso pero no ignoraba su presencia, su vida o su existencia.
Por su parte, Brais, no había dado mayores explicaciones, simplemente desapareció, no sin antes haber comentado un par de cosas que revelaban ciertos detalles de su marcha, algo así como una especie de explicación de lo que le estaba agobiando.
A Silke, por supuesto le habían llegado esos rumores pero no les dio mayor importancia ya que no era la primera vez que los escuchaba, así que se figuró que en cuanto pasaran un par de días él volvería.
Se equivocó. Brais no volvió a aparecer. Así que ni corta ni perezosa decidió presentarse en la cafetería donde le había visto por primera vez, y comprobar in situ si todavía paseaba cerca de la zona o incluso si tenía mucha suerte él podría pasarse por allí.

Blanka