jueves, 19 de junio de 2014

BAJO UNA ACACIA XV


Mientras Brais y Susana conversaban, David observaba cada gesto, escuchaba cada palabra con atención y cuando Brais colgó, directamente le pregunta a su amigo:
- ¿Y? ¿En qué ha quedado la cosa?
- ¿Pero no has escuchado nada?
- A ti sí, pero a Susana no.
- Pues la cosa ha quedado en que Susana va a llamar a Silke y que me avanzará algo dentro de un rato.
- Vale. ¿Sabes? – dice David bajo la mirada atenta de Brais.
- ¿Qué?
- No entiendo tanto escándalo porque ella haya hablado con su ex.
- Sé lo que pretendes.
- ¿Y lo he conseguido?
- Te haré un breve resumen.
- Sí, por favor.
-Por lo que sé, él se fue con otra chica y dejó de mala manera a Silke, justo en un momento clave de sus vidas. ¡Ya sabes! Ese en el que las relaciones avanzan o se terminan. Pero él no fue claro, él terminó la historia con Silke pero no la dejaba en paz.
- Pues no entiendo mucho esta historia que me cuentas, Brais.
- A ver. Me voy a explicar mejor. Él consigue un trabajo mucho mejor en Barcelona, y se fue allí. Ella de momento se queda en la isla porque no puede irse así como así, como es normal, no cruza el mar hasta después de navidades. – David hace un paréntesis y continúa - Las claves del desenlace no las conozco, si es que se les fue el amor o qué. La cosa es que esos planes de mudanza y de vivir juntos no se cumplen, porque el muchacho estuvo a dos bandas. Aparte de que se empezó a juntar con malas compañías.
- ¡Menudo impresentable! No puedo con ese tipo de personas.
- ¿Qué tipo?
- Ese que no saben cerrar una historia antigua hasta que no han enganchado una nueva.
- Ya sé a lo que te refieres. No son de fiar.

Justo en ese momento Susana vuelve a llamar a Brais, interrumpiendo la conversación entre los dos amigos.


miércoles, 11 de junio de 2014

BAJO UNA ACACIA XIV


Brais se distancia un poco de David, que ya estaba concentrado, móvil en mano, y él a su vez hace lo mismo. Saca su móvil, va derecho a la agenda, localiza el número de Susana y llama sin titubear.
Susana escucha la musiquita del móvil y descuelga, no sin antes maldecir un par de veces a la pantalla táctil de su nuevo “cacharro”.
- ¡Hola! ¡Hola! ¡Chico guapo!
- ¡Hola! Aduladora…
- Ya sabes… ¿Cómo tú llamando en un día libre? ¿Tan aburrido estás?
- ¿No te habré molestado? ¿O he interrumpido algo?
- Algo, algo… hoy me toca sesión de tupper de la semana.
- Te pillo de cocinera…
- Sí.
- Por cierto, no estoy nada aburrido.
- ¿No? ¿En serio?
- No, nada aburrido.
- Entonces… ¿Qué me vas a preguntar? ¿A qué amiga quieres que te presente?
- ¡Jo! Sí que soy previsible…
- Los años, que nos van uniendo mucho.
- Esta vez, te voy a sorprender. Y te voy a contar algo que probablemente no esperes.
- Soy toda oídos
- Hoy hemos quedado David y yo para tomar algo por el paseo marítimo. Y nos hemos metido en una cafetería muy tranquila, en esa que antes era nuestro bareto de dardos. ¿Sabes cuál te digo?
- Sí.
- ¿Y sabes quién estaba allí?
- ¡No! Me lo tienes que contar, ¿recuerdas?
- Vaaaale… Pues allí estaba tu amiga Silke.
- ¿Silke? ¿Y qué hacía allí?
- Pues por lo que me dijo
- ¿Hablaste con ella? – Le interrumpió Susana.
- ¡Pues claro! Si no, ¿cómo te iba a contar? - replicó David – La cosa es que me acerqué a ella para saludarla y me dijo que había acabado allí porque le pilló la lluvia y se tuvo que guarecer y se quedó allí leyendo.
- Bien. Me alegro de que por fin se haya animado a salir, porque después de lo de Armando… no sabía si le habían quedado ganas – dijo Susana en voz alta, aunque más para ella misma que para Brais.
Brais soltó una carcajada sin parar de nuevo.
- Lo que hubiese dado por haber visto esa cita por un agujerito.
- ¿Cómo lo sabes? ¡Ah! David… se ha ido de la lengua. ¡Salúdale de mi parte!
- ¡Sí! Ahora se lo digo – Dijo Brais sin poder parar de reír.
- Así que Silke ha salido con un día de perros. No es mucha novedad Brais. Si conocieses bien a Silke lo sabrías.
- No, si la novedad viene ahora.
- ¡¿Más?!
- ¡Sí!
- Desembucha – Ordenó Susana
- ¿Adivina quién fue a buscar a tu amiga?
- Ni idea, ¿quién?
- El tipo ese con el que salía.
- ¿Luís? ¿Y qué hace ese aquí? ¿Y qué hace Silke quedando con ese idiota? ¡Dime que hablaron en el bar, con público delante!
- ¡No! Se fue con él en su coche.
- ¡Qué me dices! ¡No puedo creerlo! ¡Madre mía! ¡Tengo que llamarla!
- ¡Tranquilízate! Que ya llegó a su casa.
- ¿Y tú como lo sabes?
- Digamos que lo sé. Ya ha llegado a su casa, pero no sé qué pasó entre ellos, si todo va bien o qué. No sé si me explico. Sólo quería ponerte en antecedentes.
- ¡Muchas gracias por el aviso! Ahora mismo llamo a Silke y le pregunto. No me gusta nada que Luís ande rondando cerca de ella. Sabía que iba a volver por trabajo pero no que había llegado ya.
- Yo no sabía nada, pero como me pusiste en antecedentes con este tema, me he preocupado.
- Y yo. Ahora llamo sin perder tiempo.
- Oye, no le digas a Silke que yo te lo he contado, ¿vale?
- No te preocupes, cuentas con mi discreción.
- Eso sí, me tienes que decir si se encuentra bien o no.
- De acuerdo, cuando sepa algo concreto te cuento. ¡Y gracias por el aviso! ¡Besos!
- ¡A ti! Saludos a Marcos que menuda paciencia tiene…

- ¡Tengo yo más contigo! ¡Hasta luego!


martes, 3 de junio de 2014

BAJO UNA ACACIA XIII


Silke siguió caminando metida en sus pensamientos, hablando para sí misma, tan encerrada en su propia conversación que no se dio ni cuenta de que se encontraba cerrando la puerta de su piso y siendo recibida por su gata Lola, como si hubiese pasado un año completo sin ver a su dueña en vez de una tarde.
En la cafetería, mientras tanto los dos amigos continúan hablando, mostrando entre curiosidad y preocupación.
- Bueno pues nada… - dice Brais
- Así que has escuchado al camarero “ligón” que Silke ha llegado a casa.
- Si, eso he escuchado; no tengo muy claro el tema, porque twitter no es algo que yo maneje.- explica Brais a su amigo.
- ¡Ni yo! Pero enseguida aprendo y si no me busco profe… - responde raudo David
- Desde luego… ¡qué ya tienes una edad!
- Si, y muy mala. Esta adolescencia acabará conmigo – dice David bromeando.

Brais sonríe, pero empieza a meterse en sus pensamientos y comienza a mover la cabeza de un lado para otro. David le pregunta; sin desaprovechar la oportunidad de picar a Brais y sin estar preparado para la respuesta que iba a recibir:
- ¿Qué? ¿Sigues pensando en ella?
- Pues la verdad es que sí – responde Brais, mirando fijamente a David - ¿Salimos? Necesito pensar antes de llamar a Susana.
- Si, ¡vámonos! Se ha quedado una buena tarde a pesar de todo.

Los dos salieron de la cafetería sin darse cuenta de que habían sido observados hasta que se fueron. En la calle, mientras la noche caía lentamente, corría una brisa que traía el aire fresco de la lluvia mezclado con el salitre del mar. David respetaba el silencio de Brais mientras iban caminando por el paseo marítimo, observando a los transeúntes con los que se iban cruzando en su camino. Sin esperarlo, Brais comenzó a hablar.
- Llevo un rato dándole vueltas al hecho encontrarnos hoy con Silke en nuestra cafetería.
- ¿Nuestra cafetería? ¿Desde cuándo?
- Bueno, no lo sabes, pero hace unos años muchos fines de semana quedaba ahí con unos amigos. Claro que era otro tipo de bar, con dardos, billares… - explicó Brais por encima.
- Pues ahora de eso no queda mucho, la verdad. Que Silke haya aparecido en esta cafetería, tiene pinta de ser pura coincidencia.
- Alguien me dijo una vez que las coincidencias no existen, y ciertamente llevaba mucha razón.
- Puede ser… Pero tampoco le daría tanta importancia. ¿O es que ella sabía que veníamos hoy? No creo que lo supiera…
- Vale, esta vez te concedo la razón, y que es más que probable que ella no tuviera ni idea de que hoy veníamos por aquí.
- Además que la visión no ha sido tan mala, ¿No?
- No. También te lo concedo – dijo Brais riendo – En serio ¿Cómo logras pasar por buen tío?
- Porque lo soy.
- Voy a llamar a Susana, a ver si sabe algo del imbécil ese o no. Y si es necesario que ponga en marcha la operación “Rescate”.
- ¡Bien! Yo mientras me voy a ir haciendo una cuenta en Twitter – dijo David sonriendo, mientras sacaba su móvil del pantalón.