Silke va acercándose al coche de
Luis sin muchas ganas de verle y menos de hablar con él. Aunque era justamente
allí donde se encontraba.
Detrás del volante Luís observa
la mirada perdida y la cara de desilusión con la que Silke se va acercando al
coche, reafirmando su convicción de que
ella aún siente algo por él y que va a ser fácil llevar a cabo su plan.
Silke abre la puerta del coche
sin esperar a que él la invite a entrar y le saluda por romper el silencio.
- ¿No me vas a dar dos besos?
- Sí, aunque no te esperaba
- ¿No te habré fastidiado algún
plan?
- ¡Pues a lo mejor!
Ante esta respuesta Luís se
empieza a reír y arranca el coche, cosa que cabreó aún más a Silke. “Ya está,
ya brotó esa actitud de superioridad. ¡Sabelotodo!” Pensó Silke. “No quiero
perder los estribos y esta risita tonta me está cabreando”
Luís dirigió su mirada al tráfico
junto con toda su concentración, mientras conducía hacia la que él creía que era
la casa de Silke. Por su parte Silke estuvo a punto de avisarle de que ya no
vivía allí pero lo pensó mejor y le dejó conducir. El otro, sin saber la mitad
de la historia comenzó a decir:
- ¿Sabes? Te he echado de menos.
- Claro…
- Es verdad – dijo Luís rotundamente
– Te lo digo en serio.
- Pues yo a ti no.
- No te creo.
- Vale, lo que tú digas.
- No te creo.
- ¿Por qué?
- Porque yo aún algunas noches
mientras me fumo el último cigarro de la noche, la imagen que aparece en mi
mente eres tú, caminando por la playa bajo un atardecer.
- ¡Fíjate! Que cosas…
- ¿Qué pasa? No te acuerdas nunca
de nuestra primera cita.
- Pues no, hace tiempo que no.
- Pues yo me acuerdo mucho de esa
chica tímida, sonriente, con su cámara de fotos en la mano descubriéndome un
mundo diferente…
Silke le mira
perpleja sin articular palabra.
- ¿Qué? ¿Tan raro te parece? –
Pregunta Luís - ¿No te lo esperabas?
- Pues no…
- Jo, qué seca estás, ¿no vas a
decir nada más? Silke, me estoy declarando…
- La verdad, Luis. No sé a qué
viene esto, no entiendo de que va todo, aunque me imagino qué es lo que quieres
conseguir. Pero te diré que pierdes tu tiempo. He cambiado, no me interesan las
palabras vacías.
- ¿Palabras vacías? ¡Te estoy
abriendo mi corazón!
- Claro, Luís. A buenas horas y
menudo sin sentido.
- No entiendo que quieres decir.
- ¡Oh! Lo entiendes
perfectamente, pero no quieres darte por aludido, que es distinto.
- ¿Y qué es lo que no quiero
entender?
- Que tus palabrerías ya no
tienen efecto alguno sobre mí. Que ya no me interesas.
- ¿Palabrerías? ¿No te intereso?
- Pues no, aunque te parezca
imposible, no me interesas lo más mínimo.
- ¡No puedo creerlo! ¿No te
intereso? ¿Has cambiado o es una pose total?
- ¿Qué pose ni qué pose? ¡Claro
que he cambiado! ¿Cómo no iba a cambiar? Tuve que ver cómo te enamorabas de
alguien más mientras yo era relegada a un rincón apartado de tu flamante vida.
Dime, si tú no habrías cambiado. – dijo Silke mirando inquisitoriamente a Luís.



















