lunes, 17 de junio de 2013

BAJO UNA ACACIA VI



Mientras, en otra mesa, Silke se encuentra metida en sus pensamientos y elucubraciones, castigándose a sí misma.

“Silke eres una mentirosa. ¡Te vas a quemar en el infierno! aún no sé como se me ocurrió venir aquí, de donde sacaría yo esta idea absurda. He quedado como una torpe e incluso me ha parecido notar que Brais se ha acercado por compromiso. ¡Que digo parecido! Ha sido más que evidente. ¿Seguirá con “la tipín” esa? ¡Pues claro que sí! Está amargado, así que sí.”

Silke da un sorbo a su batido y luego otro y otro y otro… todo esto con la mirada fija en un libro al que ya no prestaba atención era incapaz de concentrarse en la lectura.

“¡Nada, y encima, ni puedo disimular bien si quiera! ¡Menudo tango se están marcando las letras del libro! Muy oportunas por cierto… aunque por lo menos tengo colocado el libro al derecho. ¿Me están mirando? No, no. Ideas tuyas Silke, deja de creer lo que no es. Ehm pues sí, está mirando el amigo. ¡Que descarado! Pero no, no. Eso es imposible. ¡Otra vez! Pues va a ser que si.  ¡Para que luego digan que los tíos no son cotillas! Y lo peor es que vuelve a oscurecerse el cielo. ¡Vaya día de truenos que he elegido para hacer el tonto! ¡Con el miedo que tengo a las tormentas!”

En la calle, mientras, se había estado formando una tormenta que amenazaba con caer en breve, de hecho en la distancia se podían observar los primeros rayos cortando el cielo. Uno de los rayos fue a caer cerca, dejando a esa zona de la ciudad sin luz. Justo en ese momento del estruendo del rayo, mientras era atrapado por un para rayos, comenzó a sonar el teléfono móvil de Silke. Ésta comienza a buscarlo en su bolso pero no lo encuentra y el teléfono se queda en silencio.

“Vaya, que oportuno, ¡y encima no lo encuentro!”

Vuelve a sonar su teléfono con insistencia, y esta vez toda la cafetería escucha la sintonía del móvil. Como buena seguidora de Star Wars que se precie, su melodía es la Marcha Imperial.

“Ya estamos otra vez. ¿Dónde se habrá metido el teléfono? Esto me pasa por meter tanto “por si acaso” en el bolso. ¡Ah! Aquí estás. ¡Vaya el que faltaba!”

Silke miraba la pantalla del móvil y lee Luis. Le costó reaccionar hasta que se fijó en que todo el mundo de la cafetería tenía un ojo puesto sobre ella y sintiendo la obligación de responder a esa llamada que no le apetecía haber recibido. Así que contestó.

- ¿Si? Dime - Contesta Silke a la llamada.
- ¿Dónde estás? Llegas tarde - Dice su interlocutor.
- No llego tarde a ningún sitio - replica ella.
- Sí, estoy esperándote - Comunica Luis.
- ¿Por qué ibas a estar esperándome? - Pregunta Silke medio incrédula.
- Habíamos quedado. Estoy en la puerta de tu casa. - Aclara Luis.
- No habíamos quedado. Tu hiciste una propuesta y te dije que no. - Respondió Silke enfadada.
- Oye, ya que estás por ahí y como seguro que estás sin paraguas, voy a buscarte, te acerco a casa y de paso charlamos… - Propone Luis con una voz sugerente.
- Pues no creas que me apetece verte, pero como vas a estar llamando hasta aburrirme, ven. Estoy en la cafetería Sol del Paseo Marítimo. Pero desde ya te digo que la respuesta es y será NO.
- Bueno, ya veremos… - Sentenció Luis.

Silke colgó el teléfono de muy mal humor y volvió a la realidad. Miró a su alrededor y sintió como si todo el mundo le hubiera estado escuchando y observando. Y dijo, en voz alta sin darse cuenta: “¡Vaya mierda!”

Mientras sus pensamientos eran tales como:
“Por suerte tiene que llamar este memo ahora, y venir encima. Y se creerá que le tengo que dar las gracias por nada… Bueno sí por fastidiarme el plan. ¡Mi gran plan caótico! Encima va a venir Luis estando aquí Brais… ¿Habrá escuchado la conversación? Tengo la ligera sensación de que me ha oído toda la cafetería. ¡Ay madre! ¡Que desastre! Estoy por pedirme una copa bien cargadita. Aunque mejor no, no vaya a ser que termine de arreglar el día… Silke, recoge y acércate a la barra a pagar y a terminar la tarde con dignidad”.




sábado, 8 de junio de 2013

BAJO UNA ACACIA V


Brais al llegar a su mesa compartida recibe una mirada expectante de su amigo que se muere de ganas por hacerle rabiar.
- Ya estoy aquí - Anunció Brais
- Ya te veo… Con una sonrisa de oreja a oreja por cierto… ¿Qué tal la charla? - Le pregunta David pícaramente.
- Pues que quieres que te diga, como todo este tipo de charlas. - Replica Brais.
- No sé a que te refieres. - Dice David asombrado.
- Te lo tengo que explicar todo, pues que es una de esas personas a las que hablas por caridad, porque te da pena. - Explica Brais.
- ¡Que asco! Me acabas de recordar a Armando. - Replica David.
- ¿A Armando? ¡No fastidies! - Responde Brais ofendido.
- Pero calcadito, además,,, - Remarca David con saña.
- ¿Ya estás con tus puyas? - Pregunta Brais en tono ofendido.
- ¡¿Puyas?! Esta vez no, te lo aseguro. Soy tu amigo y te digo que así no vas bien. ¡¿Cómo se te ocurre decir que hablas a alguien por pena?! ¡Tú no eres así! - Respondió David cabreado.
- O quizás sÍ lo sea. ¡Llevo una temporada bastante estresante! ¡De mal humor! Y necesitando pensar un poco en mí.
- A ver Brais, que necesites pensar en ti lo entiendo, y que en estos momentos haya cosas que te molesten más ahora que antes, también. Pero lo de hablar a alguien por pena… No. Por ejemplo Silke. ¿De verdad le metes en el círculo de la pena?
- Sí. - Respondió Brais secamente.
- Pues si es así, es mejor que le ofrezcas sólo un saludo o mejor, que no le dirijas la palabra y acabas antes. Y más si a esa persona se le ve que es maja. De esas que no traicionan y que además tienen ese toque adorable. - Manifiesta David.
- Tu estás fatal… ¿Adorable?- Pregunta incrédulo Brais.
- Sí. Tiene miedo a los relámpagos. Adorable. Ni se te ocurra girarte que le hablas por pena. - Advierte David al ver la intención de Brais.
- Eres un cabrón, ¿Te lo había dicho?
- Alguna que otra vez. Pero tú te has vuelto un verdadero amargado. - Dijo David entre risas.
- ¿Sin acritud, no?
- La verdad es que con toda la acritud del mundo. Últimamente no te reconozco, en serio. No te reconozco. No sé qué te han hecho, pero has dado un giro de 180º.
- Pensé que no se me notaba tanto, pero después de lo que he pasado con Candela… no me he reencontrado conmigo mismo y menos con la humanidad… - Confiesa Brais a David.
- ¡Pues por lo que más quieras reencuéntrate de una vez! Porque tú con mal de amores eres un demonio y encima ligón. - Dice David para quitar peso a la conversación.
- Si no pones la puntilla no puedes vivir. No sé como tú puedes haber tenido esa suerte con las mujeres. - Dice con cierta envidia Brais.
- ¡¿Suerte?! - Pregunta David extrañado - Que concepto más raro tienes tú de la suerte. Vamos, que decidan que su trabajo es más importante que tú, tampoco es una gran suerte.
- Eso es un pequeño desencuentro.
-¡¿Pequeño desencuentro?! - Exclama David.
- Pero quedasteis como amigos, ¿o no? Lo arreglasteis así, hablando.
- ¡Que remedio! - Asume David resignado y poco convencido.
- No me he explicado bien. Ya sé que fue un palo para ti, pero Celia era buena persona. Si ahora necesitases algo, ella estaría ahí como una amiga. - Aclara Brais.
- Sí, Celia es buena persona. Hasta ahí de acuerdo. Incluso su familia me sigue tratando como a uno más. - Reconoce con cierta pena.
- A eso es a lo que me refiero. Buena gente. Siempre das con buena gente.
- Sencillo, busco buena gente, no busco otra cosa. Incluso con las “amigas”. - Explica David.
- Seguro… Ve diciéndome tu  truco. - Responde con perspicacia Brais.
- ¡Eh! Ese tonito colega… - Dice sonriendo David - Pero para que veas que soy buen amigo te diré que lo único que hago es buscar a alguien en el que pueda ver que, si discutimos, el mundo se le cae encima como me pasa a mí, y que si en algún momento se traga su orgullo sea sólo para abrazarme, es mi chica.
- Eso hago yo y no me da los mismos resultados.
- No. Tú buscas Barbies. - Replicó David.
- Claro, sólo yo… por eso todas tus ex, son preciosas.
- Sólo diré, que yo no hablo a nadie por pena… - concluyó David.

Mientras, en otra mesa…

Blanka