Brais se distancia un poco de
David, que ya estaba concentrado, móvil en mano, y él a su vez hace lo mismo.
Saca su móvil, va derecho a la agenda, localiza el número de Susana y llama sin
titubear.
Susana escucha la musiquita del
móvil y descuelga, no sin antes maldecir un par de veces a la pantalla táctil
de su nuevo “cacharro”.
- ¡Hola! ¡Hola! ¡Chico guapo!
- ¡Hola! Aduladora…
- Ya sabes… ¿Cómo tú llamando en
un día libre? ¿Tan aburrido estás?
- ¿No te habré molestado? ¿O he interrumpido
algo?
- Algo, algo… hoy me toca sesión
de tupper de la semana.
- Te pillo de cocinera…
- Sí.
- Por cierto, no estoy nada
aburrido.
- ¿No? ¿En serio?
- No, nada aburrido.
- Entonces… ¿Qué me vas a
preguntar? ¿A qué amiga quieres que te presente?
- ¡Jo! Sí que soy previsible…
- Los años, que nos van uniendo
mucho.
- Esta vez, te voy a sorprender.
Y te voy a contar algo que probablemente no esperes.
- Soy toda oídos
- Hoy hemos quedado David y yo
para tomar algo por el paseo marítimo. Y nos hemos metido en una cafetería muy
tranquila, en esa que antes era nuestro
bareto de dardos. ¿Sabes cuál te digo?
- Sí.
- ¿Y sabes quién estaba allí?
- ¡No! Me lo tienes que contar,
¿recuerdas?
- Vaaaale… Pues allí estaba tu
amiga Silke.
- ¿Silke? ¿Y qué hacía allí?
- Pues por lo que me dijo
- ¿Hablaste con ella? – Le
interrumpió Susana.
- ¡Pues claro! Si no, ¿cómo te
iba a contar? - replicó David – La cosa es que me acerqué a ella para saludarla
y me dijo que había acabado allí porque le pilló la lluvia y se tuvo que
guarecer y se quedó allí leyendo.
- Bien. Me alegro de que por fin
se haya animado a salir, porque después de lo de Armando… no sabía si le habían
quedado ganas – dijo Susana en voz alta, aunque más para ella misma que para
Brais.
Brais soltó una carcajada sin
parar de nuevo.
- Lo que hubiese dado por haber
visto esa cita por un agujerito.
- ¿Cómo lo sabes? ¡Ah! David… se
ha ido de la lengua. ¡Salúdale de mi parte!
- ¡Sí! Ahora se lo digo – Dijo
Brais sin poder parar de reír.
- Así que Silke ha salido con un
día de perros. No es mucha novedad Brais. Si conocieses bien a Silke lo sabrías.
- No, si la novedad viene ahora.
- ¡¿Más?!
- ¡Sí!
- Desembucha – Ordenó Susana
- ¿Adivina quién fue a buscar a
tu amiga?
- Ni idea, ¿quién?
- El tipo ese con el que salía.
- ¿Luís? ¿Y qué hace ese aquí? ¿Y
qué hace Silke quedando con ese idiota? ¡Dime que hablaron en el bar, con
público delante!
- ¡No! Se fue con él en su coche.
- ¡Qué me dices! ¡No puedo
creerlo! ¡Madre mía! ¡Tengo que llamarla!
- ¡Tranquilízate! Que ya llegó a
su casa.
- ¿Y tú como lo sabes?
- Digamos que lo sé. Ya ha
llegado a su casa, pero no sé qué pasó entre ellos, si todo va bien o qué. No
sé si me explico. Sólo quería ponerte en antecedentes.
- ¡Muchas gracias por el aviso! Ahora
mismo llamo a Silke y le pregunto. No me gusta nada que Luís ande rondando
cerca de ella. Sabía que iba a volver por trabajo pero no que había llegado ya.
- Yo no sabía nada, pero como me
pusiste en antecedentes con este tema, me he preocupado.
- Y yo. Ahora llamo sin perder
tiempo.
- Oye, no le digas a Silke que yo
te lo he contado, ¿vale?
- No te preocupes, cuentas con mi
discreción.
- Eso sí, me tienes que decir si
se encuentra bien o no.
- De acuerdo, cuando sepa algo
concreto te cuento. ¡Y gracias por el aviso! ¡Besos!
- ¡A ti! Saludos a Marcos que
menuda paciencia tiene…
- ¡Tengo yo más contigo! ¡Hasta
luego!