martes, 27 de mayo de 2014

BAJO UNA ACACIA XII


Luís no podía ni siquiera hablar mientras Silke le miraba, escuchando el dolor que había provocado y que ella aún guardaba, devanándose la cabeza por encontrar el siguiente paso que dar.
En silencio se metió sin dudar en el tráfico, encaminándose a la dirección que él conocía tan bien; ese piso que compartía Silke con su hermana, Gal.la. Lo que Luís no sabía es que ninguna de las dos hermanas vivía ya allí.
Esperando en un semáforo en rojo, Luís reacciona y decide lanzarse a preguntar.
- ¿Qué tal la vuelta a la ciudad?
- Sigo adaptándome al puesto nuevo, y sobre todo a los nuevos compañeros.
- ¿Qué pasa? ¿No te tratan bien?
- No sabría qué decirte y ni por dónde empezar.
- Vamos, qué estás igual que yo, descolocada.
- Sí, supongo. Pero lo tuyo es más grave. Eres el “manda más”.
- Sí, de un grupo de ineptos.
- Pero ya has llegado y ahora conocerán el camino…

Luís no pudo evitar reírse, y en ese ambiente relajado aprovechó para lanzar una especie de disculpa.
- Silke, tengo que decirte que Vanessa nunca fue nada importante.
- Fue lo suficientemente importante como para que lo nuestro terminase – Le interrumpió Silke.
- Sólo espero, que un día en el futuro, cuando sea posible, podamos ser amigos. ¿Somos amigos?
- No. Hoy por hoy no podemos ser amigos.

Luís se quedó callado mirando fijamente la calle.
- Bueno Luís, te dejo con tus pensamientos. Yo, tengo planes que cumplir. ¡Adiós! ¡Y conduce con cuidado! – dijo Silke mientras abandonaba el coche.

Luís desapareció en su coche y Silke se fue caminando hacia su nueva casa, no sin antes echar una mirada lánguida a su antiguo portal.