Luís no podía ni siquiera hablar
mientras Silke le miraba, escuchando el dolor que había provocado y que ella
aún guardaba, devanándose la cabeza por encontrar el siguiente paso que dar.
En silencio se metió sin dudar en
el tráfico, encaminándose a la dirección que él conocía tan bien; ese piso que
compartía Silke con su hermana, Gal.la. Lo que Luís no sabía es que ninguna de
las dos hermanas vivía ya allí.
Esperando en un semáforo en rojo,
Luís reacciona y decide lanzarse a preguntar.
- ¿Qué tal la vuelta a la ciudad?
- Sigo adaptándome al puesto
nuevo, y sobre todo a los nuevos compañeros.
- ¿Qué pasa? ¿No te tratan bien?
- No sabría qué decirte y ni por
dónde empezar.
- Vamos, qué estás igual que yo,
descolocada.
- Sí, supongo. Pero lo tuyo es
más grave. Eres el “manda más”.
- Sí, de un grupo de ineptos.
- Pero ya has llegado y ahora
conocerán el camino…
Luís no pudo evitar reírse, y en
ese ambiente relajado aprovechó para lanzar una especie de disculpa.
- Silke, tengo que decirte que
Vanessa nunca fue nada importante.
- Fue lo suficientemente
importante como para que lo nuestro terminase – Le interrumpió Silke.
- Sólo espero, que un día en el
futuro, cuando sea posible, podamos ser amigos. ¿Somos amigos?
- No. Hoy por hoy no podemos ser
amigos.
Luís se quedó callado mirando
fijamente la calle.
- Bueno Luís, te dejo con tus
pensamientos. Yo, tengo planes que cumplir. ¡Adiós! ¡Y conduce con cuidado! –
dijo Silke mientras abandonaba el coche.
Luís desapareció en su coche y
Silke se fue caminando hacia su nueva casa, no sin antes echar una mirada
lánguida a su antiguo portal.



















