martes, 16 de marzo de 2010

ESCUCHA MI VOZ


“Cada uno de nosotros tiene un hilo en la mano y ese hilo nos lleva a nuestra estrella.
Cada uno de nosotros tiene una estrella en el cielo y nuestro destino es aprender a seguirla.
Es una estrella cometa, nuestro karma está escrito en su estela, y si soltamos el hilo todo está perdido, se forma un enredo, una maraña de estrellas (....)
…Debes saber que si no buscas tu estrella, si no la sigues, antes o después, se enredará con el hilo de otras estrellas… será imposible desenredarla, y empezará a apagarse hasta desaparecer.
Cada estrella es un pequeño sol, pero cuando se agota su luz se vuelve fría, glacial, y es bajo esta siniestra claridad por donde tú conducirás desde entonces tus pasos”. 

Susana Tamaro

viernes, 12 de marzo de 2010

MIGUEL DELIBES


Hoy me he levantado con una noticia muy triste. Miguel Delibes ha fallecido a la edad de 89 años (Valladolid 17 de octubre 1920 – Valladolid 12 de marzo 2010). Siempre ha estado vinculado a Valladolid, al periódico de la ciudad y a Castilla. Reconozco que me alegré mucho cuando le fue concedida la Medalla de Oro de Castilla y León el año pasado, porque me parece que  se la merecía debido a su defensa del Castellano y también por el amor que sentía hacia su tierra. Aunque no sólo recibió esta medalla creo recordar que recibió también la Medalla de Oro de la Provincia de Valladolid y también la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, así que la medalla de Castilla y León no podía faltar.

No voy a mencionar toda su trayectoria ni nada parecido, sólo recordaré uno de sus libros, (ya que fue el primero escrito por él que llegó a mis manos), fue un regalo de uno de mis tíos, el libro en cuestión es “Mi querida bicicleta”. Os dejo un párrafo:

“La bicicleta también en esa época el transporte adecuado para irnos a bañar al Cabildo, en el Pisuerga, cinco kilómetros aguas arriba de la capital. Así evitábamos las atarjeas y alcantarillas que descargaban la porquería de cien mil vallisoletanos en el Paseo de la Moreras. Eduardo Gavilán y Vicente Presa solían ser mis acompañantes. Y allí, entre el boomboom de la Central y el melodioso canto de los ruiseñores, nos bañábamos en la pesquera, en cuanto apretaba el calor.”