Brais al llegar a su mesa compartida recibe una
mirada expectante de su amigo que se muere de ganas por hacerle rabiar.
- Ya estoy aquí - Anunció Brais
- Ya te veo… Con una sonrisa de oreja a oreja por
cierto… ¿Qué tal la charla? - Le pregunta David pícaramente.
- Pues que quieres que te diga, como todo este tipo
de charlas. - Replica Brais.
- No sé a que te refieres. - Dice David asombrado.
- Te lo tengo que explicar todo, pues que es una de
esas personas a las que hablas por caridad, porque te da pena. - Explica Brais.
- ¡Que asco! Me acabas de recordar a Armando. -
Replica David.
- ¿A Armando? ¡No fastidies! - Responde Brais
ofendido.
- Pero calcadito, además,,, - Remarca David con saña.
- ¿Ya estás con tus puyas? - Pregunta Brais en tono
ofendido.
- ¡¿Puyas?! Esta vez no, te lo aseguro. Soy tu amigo
y te digo que así no vas bien. ¡¿Cómo se te ocurre decir que hablas a alguien
por pena?! ¡Tú no eres así! - Respondió David cabreado.
- O quizás sÍ lo sea. ¡Llevo una temporada bastante
estresante! ¡De mal humor! Y necesitando pensar un poco en mí.
- A ver Brais, que necesites pensar en ti lo entiendo,
y que en estos momentos haya cosas que te molesten más ahora que antes,
también. Pero lo de hablar a alguien por pena… No. Por ejemplo Silke. ¿De
verdad le metes en el círculo de la pena?
- Sí. - Respondió Brais secamente.
- Pues si es así, es mejor que le ofrezcas sólo un
saludo o mejor, que no le dirijas la palabra y acabas antes. Y más si a esa
persona se le ve que es maja. De esas que no traicionan y que además tienen ese
toque adorable. - Manifiesta David.
- Tu estás fatal… ¿Adorable?- Pregunta incrédulo Brais.
- Sí. Tiene miedo a los relámpagos. Adorable. Ni se
te ocurra girarte que le hablas por pena. - Advierte David al ver la intención
de Brais.
- Eres un cabrón, ¿Te lo había dicho?
- Alguna que otra vez. Pero tú te has vuelto un
verdadero amargado. - Dijo David entre risas.
- ¿Sin acritud, no?
- La verdad es que con toda la acritud del mundo.
Últimamente no te reconozco, en serio. No te reconozco. No sé qué te han hecho,
pero has dado un giro de 180º.
- Pensé que no se me notaba tanto, pero después de lo
que he pasado con Candela… no me he reencontrado conmigo mismo y menos con la
humanidad… - Confiesa Brais a David.
- ¡Pues por lo que más quieras reencuéntrate de una
vez! Porque tú con mal de amores eres un demonio y encima ligón. - Dice David
para quitar peso a la conversación.
- Si no pones la puntilla no puedes vivir. No sé como
tú puedes haber tenido esa suerte con las mujeres. - Dice con cierta envidia
Brais.
- ¡¿Suerte?! - Pregunta David extrañado - Que
concepto más raro tienes tú de la suerte. Vamos, que decidan que su trabajo es
más importante que tú, tampoco es una gran suerte.
- Eso es un pequeño desencuentro.
-¡¿Pequeño desencuentro?! - Exclama David.
- Pero quedasteis como amigos, ¿o no? Lo arreglasteis
así, hablando.
- ¡Que remedio! - Asume David resignado y poco
convencido.
- No me he explicado bien. Ya sé que fue un palo para
ti, pero Celia era buena persona. Si ahora necesitases algo, ella estaría ahí
como una amiga. - Aclara Brais.
- Sí, Celia es buena persona. Hasta ahí de acuerdo.
Incluso su familia me sigue tratando como a uno más. - Reconoce con cierta pena.
- A eso es a lo que me refiero. Buena gente. Siempre
das con buena gente.
- Sencillo, busco buena gente, no busco otra cosa.
Incluso con las “amigas”. - Explica David.
- Seguro… Ve diciéndome tu truco. - Responde con perspicacia Brais.
- ¡Eh! Ese tonito colega… - Dice sonriendo David -
Pero para que veas que soy buen amigo te diré que lo único que hago es buscar a
alguien en el que pueda ver que, si discutimos, el mundo se le cae encima como
me pasa a mí, y que si en algún momento se traga su orgullo sea sólo para
abrazarme, es mi chica.
- Eso hago yo y no me da los mismos resultados.
- No. Tú buscas Barbies. - Replicó David.
- Claro, sólo yo… por eso todas tus ex, son
preciosas.
- Sólo diré, que yo no hablo a nadie por pena… -
concluyó David.
Mientras, en otra mesa…
Blanka