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jueves, 19 de junio de 2014

BAJO UNA ACACIA XV


Mientras Brais y Susana conversaban, David observaba cada gesto, escuchaba cada palabra con atención y cuando Brais colgó, directamente le pregunta a su amigo:
- ¿Y? ¿En qué ha quedado la cosa?
- ¿Pero no has escuchado nada?
- A ti sí, pero a Susana no.
- Pues la cosa ha quedado en que Susana va a llamar a Silke y que me avanzará algo dentro de un rato.
- Vale. ¿Sabes? – dice David bajo la mirada atenta de Brais.
- ¿Qué?
- No entiendo tanto escándalo porque ella haya hablado con su ex.
- Sé lo que pretendes.
- ¿Y lo he conseguido?
- Te haré un breve resumen.
- Sí, por favor.
-Por lo que sé, él se fue con otra chica y dejó de mala manera a Silke, justo en un momento clave de sus vidas. ¡Ya sabes! Ese en el que las relaciones avanzan o se terminan. Pero él no fue claro, él terminó la historia con Silke pero no la dejaba en paz.
- Pues no entiendo mucho esta historia que me cuentas, Brais.
- A ver. Me voy a explicar mejor. Él consigue un trabajo mucho mejor en Barcelona, y se fue allí. Ella de momento se queda en la isla porque no puede irse así como así, como es normal, no cruza el mar hasta después de navidades. – David hace un paréntesis y continúa - Las claves del desenlace no las conozco, si es que se les fue el amor o qué. La cosa es que esos planes de mudanza y de vivir juntos no se cumplen, porque el muchacho estuvo a dos bandas. Aparte de que se empezó a juntar con malas compañías.
- ¡Menudo impresentable! No puedo con ese tipo de personas.
- ¿Qué tipo?
- Ese que no saben cerrar una historia antigua hasta que no han enganchado una nueva.
- Ya sé a lo que te refieres. No son de fiar.

Justo en ese momento Susana vuelve a llamar a Brais, interrumpiendo la conversación entre los dos amigos.


miércoles, 11 de junio de 2014

BAJO UNA ACACIA XIV


Brais se distancia un poco de David, que ya estaba concentrado, móvil en mano, y él a su vez hace lo mismo. Saca su móvil, va derecho a la agenda, localiza el número de Susana y llama sin titubear.
Susana escucha la musiquita del móvil y descuelga, no sin antes maldecir un par de veces a la pantalla táctil de su nuevo “cacharro”.
- ¡Hola! ¡Hola! ¡Chico guapo!
- ¡Hola! Aduladora…
- Ya sabes… ¿Cómo tú llamando en un día libre? ¿Tan aburrido estás?
- ¿No te habré molestado? ¿O he interrumpido algo?
- Algo, algo… hoy me toca sesión de tupper de la semana.
- Te pillo de cocinera…
- Sí.
- Por cierto, no estoy nada aburrido.
- ¿No? ¿En serio?
- No, nada aburrido.
- Entonces… ¿Qué me vas a preguntar? ¿A qué amiga quieres que te presente?
- ¡Jo! Sí que soy previsible…
- Los años, que nos van uniendo mucho.
- Esta vez, te voy a sorprender. Y te voy a contar algo que probablemente no esperes.
- Soy toda oídos
- Hoy hemos quedado David y yo para tomar algo por el paseo marítimo. Y nos hemos metido en una cafetería muy tranquila, en esa que antes era nuestro bareto de dardos. ¿Sabes cuál te digo?
- Sí.
- ¿Y sabes quién estaba allí?
- ¡No! Me lo tienes que contar, ¿recuerdas?
- Vaaaale… Pues allí estaba tu amiga Silke.
- ¿Silke? ¿Y qué hacía allí?
- Pues por lo que me dijo
- ¿Hablaste con ella? – Le interrumpió Susana.
- ¡Pues claro! Si no, ¿cómo te iba a contar? - replicó David – La cosa es que me acerqué a ella para saludarla y me dijo que había acabado allí porque le pilló la lluvia y se tuvo que guarecer y se quedó allí leyendo.
- Bien. Me alegro de que por fin se haya animado a salir, porque después de lo de Armando… no sabía si le habían quedado ganas – dijo Susana en voz alta, aunque más para ella misma que para Brais.
Brais soltó una carcajada sin parar de nuevo.
- Lo que hubiese dado por haber visto esa cita por un agujerito.
- ¿Cómo lo sabes? ¡Ah! David… se ha ido de la lengua. ¡Salúdale de mi parte!
- ¡Sí! Ahora se lo digo – Dijo Brais sin poder parar de reír.
- Así que Silke ha salido con un día de perros. No es mucha novedad Brais. Si conocieses bien a Silke lo sabrías.
- No, si la novedad viene ahora.
- ¡¿Más?!
- ¡Sí!
- Desembucha – Ordenó Susana
- ¿Adivina quién fue a buscar a tu amiga?
- Ni idea, ¿quién?
- El tipo ese con el que salía.
- ¿Luís? ¿Y qué hace ese aquí? ¿Y qué hace Silke quedando con ese idiota? ¡Dime que hablaron en el bar, con público delante!
- ¡No! Se fue con él en su coche.
- ¡Qué me dices! ¡No puedo creerlo! ¡Madre mía! ¡Tengo que llamarla!
- ¡Tranquilízate! Que ya llegó a su casa.
- ¿Y tú como lo sabes?
- Digamos que lo sé. Ya ha llegado a su casa, pero no sé qué pasó entre ellos, si todo va bien o qué. No sé si me explico. Sólo quería ponerte en antecedentes.
- ¡Muchas gracias por el aviso! Ahora mismo llamo a Silke y le pregunto. No me gusta nada que Luís ande rondando cerca de ella. Sabía que iba a volver por trabajo pero no que había llegado ya.
- Yo no sabía nada, pero como me pusiste en antecedentes con este tema, me he preocupado.
- Y yo. Ahora llamo sin perder tiempo.
- Oye, no le digas a Silke que yo te lo he contado, ¿vale?
- No te preocupes, cuentas con mi discreción.
- Eso sí, me tienes que decir si se encuentra bien o no.
- De acuerdo, cuando sepa algo concreto te cuento. ¡Y gracias por el aviso! ¡Besos!
- ¡A ti! Saludos a Marcos que menuda paciencia tiene…

- ¡Tengo yo más contigo! ¡Hasta luego!


martes, 3 de junio de 2014

BAJO UNA ACACIA XIII


Silke siguió caminando metida en sus pensamientos, hablando para sí misma, tan encerrada en su propia conversación que no se dio ni cuenta de que se encontraba cerrando la puerta de su piso y siendo recibida por su gata Lola, como si hubiese pasado un año completo sin ver a su dueña en vez de una tarde.
En la cafetería, mientras tanto los dos amigos continúan hablando, mostrando entre curiosidad y preocupación.
- Bueno pues nada… - dice Brais
- Así que has escuchado al camarero “ligón” que Silke ha llegado a casa.
- Si, eso he escuchado; no tengo muy claro el tema, porque twitter no es algo que yo maneje.- explica Brais a su amigo.
- ¡Ni yo! Pero enseguida aprendo y si no me busco profe… - responde raudo David
- Desde luego… ¡qué ya tienes una edad!
- Si, y muy mala. Esta adolescencia acabará conmigo – dice David bromeando.

Brais sonríe, pero empieza a meterse en sus pensamientos y comienza a mover la cabeza de un lado para otro. David le pregunta; sin desaprovechar la oportunidad de picar a Brais y sin estar preparado para la respuesta que iba a recibir:
- ¿Qué? ¿Sigues pensando en ella?
- Pues la verdad es que sí – responde Brais, mirando fijamente a David - ¿Salimos? Necesito pensar antes de llamar a Susana.
- Si, ¡vámonos! Se ha quedado una buena tarde a pesar de todo.

Los dos salieron de la cafetería sin darse cuenta de que habían sido observados hasta que se fueron. En la calle, mientras la noche caía lentamente, corría una brisa que traía el aire fresco de la lluvia mezclado con el salitre del mar. David respetaba el silencio de Brais mientras iban caminando por el paseo marítimo, observando a los transeúntes con los que se iban cruzando en su camino. Sin esperarlo, Brais comenzó a hablar.
- Llevo un rato dándole vueltas al hecho encontrarnos hoy con Silke en nuestra cafetería.
- ¿Nuestra cafetería? ¿Desde cuándo?
- Bueno, no lo sabes, pero hace unos años muchos fines de semana quedaba ahí con unos amigos. Claro que era otro tipo de bar, con dardos, billares… - explicó Brais por encima.
- Pues ahora de eso no queda mucho, la verdad. Que Silke haya aparecido en esta cafetería, tiene pinta de ser pura coincidencia.
- Alguien me dijo una vez que las coincidencias no existen, y ciertamente llevaba mucha razón.
- Puede ser… Pero tampoco le daría tanta importancia. ¿O es que ella sabía que veníamos hoy? No creo que lo supiera…
- Vale, esta vez te concedo la razón, y que es más que probable que ella no tuviera ni idea de que hoy veníamos por aquí.
- Además que la visión no ha sido tan mala, ¿No?
- No. También te lo concedo – dijo Brais riendo – En serio ¿Cómo logras pasar por buen tío?
- Porque lo soy.
- Voy a llamar a Susana, a ver si sabe algo del imbécil ese o no. Y si es necesario que ponga en marcha la operación “Rescate”.
- ¡Bien! Yo mientras me voy a ir haciendo una cuenta en Twitter – dijo David sonriendo, mientras sacaba su móvil del pantalón.


martes, 27 de mayo de 2014

BAJO UNA ACACIA XII


Luís no podía ni siquiera hablar mientras Silke le miraba, escuchando el dolor que había provocado y que ella aún guardaba, devanándose la cabeza por encontrar el siguiente paso que dar.
En silencio se metió sin dudar en el tráfico, encaminándose a la dirección que él conocía tan bien; ese piso que compartía Silke con su hermana, Gal.la. Lo que Luís no sabía es que ninguna de las dos hermanas vivía ya allí.
Esperando en un semáforo en rojo, Luís reacciona y decide lanzarse a preguntar.
- ¿Qué tal la vuelta a la ciudad?
- Sigo adaptándome al puesto nuevo, y sobre todo a los nuevos compañeros.
- ¿Qué pasa? ¿No te tratan bien?
- No sabría qué decirte y ni por dónde empezar.
- Vamos, qué estás igual que yo, descolocada.
- Sí, supongo. Pero lo tuyo es más grave. Eres el “manda más”.
- Sí, de un grupo de ineptos.
- Pero ya has llegado y ahora conocerán el camino…

Luís no pudo evitar reírse, y en ese ambiente relajado aprovechó para lanzar una especie de disculpa.
- Silke, tengo que decirte que Vanessa nunca fue nada importante.
- Fue lo suficientemente importante como para que lo nuestro terminase – Le interrumpió Silke.
- Sólo espero, que un día en el futuro, cuando sea posible, podamos ser amigos. ¿Somos amigos?
- No. Hoy por hoy no podemos ser amigos.

Luís se quedó callado mirando fijamente la calle.
- Bueno Luís, te dejo con tus pensamientos. Yo, tengo planes que cumplir. ¡Adiós! ¡Y conduce con cuidado! – dijo Silke mientras abandonaba el coche.

Luís desapareció en su coche y Silke se fue caminando hacia su nueva casa, no sin antes echar una mirada lánguida a su antiguo portal.


martes, 18 de febrero de 2014

BAJO UNA ACACIA XI


Silke va acercándose al coche de Luis sin muchas ganas de verle y menos de hablar con él. Aunque era justamente allí donde se encontraba.
Detrás del volante Luís observa la mirada perdida y la cara de desilusión con la que Silke se va acercando al coche, reafirmando  su convicción de que ella aún siente algo por él y que va a ser fácil llevar a cabo su plan.
Silke abre la puerta del coche sin esperar a que él la invite a entrar y le saluda por romper el silencio.
- ¿No me vas a dar dos besos?
- Sí, aunque no te esperaba
- ¿No te habré fastidiado algún plan?
- ¡Pues a lo mejor!

Ante esta respuesta Luís se empieza a reír y arranca el coche, cosa que cabreó aún más a Silke. “Ya está, ya brotó esa actitud de superioridad. ¡Sabelotodo!” Pensó Silke. “No quiero perder los estribos y esta risita tonta me está cabreando”
Luís dirigió su mirada al tráfico junto con toda su concentración, mientras conducía hacia la que él creía que era la casa de Silke. Por su parte Silke estuvo a punto de avisarle de que ya no vivía allí pero lo pensó mejor y le dejó conducir. El otro, sin saber la mitad de la historia comenzó a decir:
- ¿Sabes? Te he echado de menos.
- Claro…
- Es verdad – dijo Luís rotundamente – Te lo digo en serio.
- Pues yo a ti no.
- No te creo.
- Vale, lo que tú digas.
- No te creo.
- ¿Por qué?
- Porque yo aún algunas noches mientras me fumo el último cigarro de la noche, la imagen que aparece en mi mente eres tú, caminando por la playa bajo un atardecer.
- ¡Fíjate! Que cosas…
- ¿Qué pasa? No te acuerdas nunca de nuestra primera cita.
- Pues no, hace tiempo que no.
- Pues yo me acuerdo mucho de esa chica tímida, sonriente, con su cámara de fotos en la mano descubriéndome un mundo diferente…
Silke le mira perpleja sin articular palabra.
- ¿Qué? ¿Tan raro te parece? – Pregunta Luís - ¿No te lo esperabas?
- Pues no…
- Jo, qué seca estás, ¿no vas a decir nada más? Silke, me estoy declarando…
- La verdad, Luis. No sé a qué viene esto, no entiendo de que va todo, aunque me imagino qué es lo que quieres conseguir. Pero te diré que pierdes tu tiempo. He cambiado, no me interesan las palabras vacías.
- ¿Palabras vacías? ¡Te estoy abriendo mi corazón!
- Claro, Luís. A buenas horas y menudo sin sentido.
- No entiendo que quieres decir.
- ¡Oh! Lo entiendes perfectamente, pero no quieres darte por aludido, que es distinto.
- ¿Y qué es lo que no quiero entender?
- Que tus palabrerías ya no tienen efecto alguno sobre mí. Que ya no me interesas.
- ¿Palabrerías? ¿No te intereso?
- Pues no, aunque te parezca imposible, no me interesas lo más mínimo.
- ¡No puedo creerlo! ¿No te intereso? ¿Has cambiado o es una pose total?
- ¿Qué pose ni qué pose? ¡Claro que he cambiado! ¿Cómo no iba a cambiar? Tuve que ver cómo te enamorabas de alguien más mientras yo era relegada a un rincón apartado de tu flamante vida. Dime, si tú no habrías cambiado. – dijo Silke mirando inquisitoriamente a Luís.


martes, 17 de septiembre de 2013

BAJO UNA ACACIA X


En la barra, Bárbara y Sergio charlaban animadamente sobre su serie de televisión favorita del momento, cuando Brais se acerca a pagar.
- No te diré nada, tranquilo, pero ¡uy lo que te queda por ver!
- Bueno pues no me cuentes nada, que quiero llevar el ritmo de la serie, no me adelantes nada de los libros que te conozco.
- Lo intentaré, ¡pequeñín!

Brais, cuando escuchó esto, miró a Bárbara y luego al camarero sin poder evitar una sonrisa y preguntó con normalidad:
- ¿Me cobras por favor?
- ¡Claro! - Respondió Sergio.

Bárbara jugaba con su móvil, sin prestar atención a ninguno de los dos y, sin levantar la vista de la pantalla, comunicó a Sergio que Silke le había escrito el tweet acordado; Brais no perdía detalle de nada. Brais recogió la vuelta y se dirigió aliviado a la mesa con David, a quien contó todas las novedades.
- Me acabo de enterar que Silke ha llegado a casa y que tiene Twitter.
- ¡Ah! Ya llegó a casa. Ya puedes respirar.
- Ya lo hacía antes. De todas las maneras, estoy pensando muy en serio en llamar a Su.
- Claro, papá - Dijo medio en mofa David.
- ¡No seas gilipollas!
- ¡Si me lo dicen no me lo creo! - Exclamó David sin poder parar de reírse.
- ¡¿Qué?! ¡¿Qué no te crees?! ¡Deja de reírte y explícame el qué!
- Nada, nada.



domingo, 8 de septiembre de 2013

BAJO UNA ACACIA IX


David mira asombrado a Brais y dice con extrañeza:
- ¿Imbécil? ¿Pero tú le conoces o hablas por hablar?
- Solamente le conozco de vista y por lo que me ha contado Susana.
- Ya, se nota que te cae genial, para conocerle sólo de vista…
- Te he dicho que Silke es muy amiga de Susana, y… ¡No pongas esa cara! Ya sabes que “Su” me cuenta todo lo que le preocupa y la historia de Silke con ese hombre le tenía muy preocupada.
- Pues para tener a Su preocupada, la cosa debía ser un poco seria. - Intenta indagar David.
- Ese hombre es un miserable, así que comprendo perfectamente la preocupación de Su.
- ¿Un miserable? Anonadado me tienes de lo que sabes para lo poco que te interesa la chica.
- No es que sepa mucho, sólo cuatro cosas y ese tío no es trigo limpio. Y sin que sirva de precedente te diré que no me hace ninguna gracia que Silke se haya ido con él.
- Tranquilo, dentro de un rato llamamos a Susana y que le de un toque y así nos quedamos más tranquilos.
- Sí, será lo mejor.

David mira a su amigo y comienza a sonreír. A lo que Brais le dice algo irritado:
- No sé de que ríes pero esto no es gracioso en absoluto.
- No, no lo es. Cierto. Pero tú sí. - Contesta David riendo - ¿Recuerdas lo que te dije antes? ¿Eso de que te buscases a alguien que se pueda tragar su orgullo sólo para abrazarte aunque acabéis de discutir?
- Sí.
- Pues eso.
- Pues eso, ¿qué? ¿Ella?
- Por ejemplo. No entiendo como todavía no tienes su teléfono.
- Por la sencilla razón de que no la veo como pareja.
- ¿Por? ¡Sorpréndeme Brais!
- Es demasiado buena chica para mí. ¿Te vale la respuesta?
- ¡¿Qué?! - Exclama David entre espantado e incrédulo - Es la excusa más idiota que he escuchado nunca.
- ¡Oh dios! ¿Pero desde cuándo nuestra conversación ha derivado a esto?
- Estas cosas pasan cuando te quejas de las chicas buenas y lloras por las malas en una misma tarde. Y yo estoy aquí para recordarte que estás fatal. - Sentenció David.
- ¡Desde luego! ¡Lo que tengo que aguantar contigo! Voy a pagar para irnos.

- ¡Dale un besito al camarero!


jueves, 29 de agosto de 2013

BAJO UNA ACACIA VIII


En otra mesa, las cosas sucedían de otra forma. Los dos amigos siguen enfrascados en su conversación hasta que estalla la tormenta, se va la luz y todo el mundo calla excepto un teléfono.
David anuncia:
-¡Uy! Vaya,  de quién es el teléfono…
Brais pone cara de circunstancia y dice:
- No me digas…
Mientras Silke por fin responde al teléfono, los otros dos intentaban escuchar la conversación.
- ¿Escuchas algo? - Pregunta Brais.
- No mucho la verdad pero sólo te diré que por los gestos, la conversación no es muy agradable.
- ¿No? ¡Que raro! Nunca pensé que se pondría de mal humor.
- Pues sí, e incluso creo que se marcha. ¡No! ¡Espera! Está hablando con la chica de la otra mesa.
- Se conocerán.
- Puede, ¡Ey ey ey! ¿Decías que es tímida?
- Sí, bastante.
- Pues para ser tímida, habla muy confiadamente con el camarero… - Comenta David para observar la reacción de su amigo.
- ¡Hombre pero que cosas tienes! Si va a pagar tendrá que hablar con el camarero.
- Claro, si ya sé que tú cuando pagas también le das dos besos al camarero. - Responde irónicamente David.
- Sólo si es guapa. - Responde Brais y añadiendo al instante - ¡¿Pero bueno?! ¡¿Qué te pasa con esta chica?! ¡Deja que hable con quien quiera!

David miró a su amigo con extrañeza por su indiferencia, comenzando a pensar que era fingida, y continuó relatando todo lo que sucedía a su alrededor.
- Definitivamente vienen a buscarla. Su cita se ha quedado en la puerta. - Remarca David.
- ¡Déjala tranquila, que vaya donde quiera! Empiezas a parecerte a un pretendiente celoso.
- Pues su acompañante ya ha llegado.
Inmediatamente Brais se da la vuelta, y observa quien es y exclama:
- ¡No puedo creer que se vaya con ese imbécil!

Blanka




miércoles, 17 de julio de 2013

BAJO UNA ACACIA VII


- ¡Menuda llamadita! - Dice la amiga del camarero, acercándose a la mesa de Silke y sacándola de sus cavilaciones.
- Sí, un desastre… - Dándose cuenta de que, mientras hablaba, la luz había vuelto.
- ¡No te preocupes! Creo que sólo lo hemos oído claramente Sergio y yo. Por cierto soy Bárbara.
-¡Hola! Yo Silke. ¿Quién es Sergio?
- El camarero grandote. Si se entera de que le llamo así no me vuelve a servir una cerveza fría en la vida. - Dijo Bárbara sonriendo y arrancando una sonrisa a Silke. Mirándola de refilón.
- ¡Menos mal! No me resulta agradable que desconocidos me vean perdiendo los papeles.

Bárbara sonríe con aire meditabundo y le pregunta:
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- ¡Claro!
- Llevo un rato pensando y creo que ya te conocía. Por supuesto que no personalmente pero si de las redes. De Twitter.
- Puede ser, tengo twitter, soy @Sburb
- ¡Sí! ¡Eres tú! Soy @Brti85
- ¡No me digas! Sí, hablamos a diario.
- Que manera de conocernos… Me alegro mucho de haberte conocido, Silke.
- A mi también, me ha encantado.
- A ver, ¿qué te pasa?
- Puff, pasarme lo que se dice pasarme, nada.
- ¿Entonces? - Pregunta Bárbara, esperando una respuesta que no llega. - ¿Tiene algo que ver con los guaperas de la otra mesa?
- ¿Con esos dos?
- ¡No vale responder con otra pregunta!
-Está bien… No tiene nada que ver con ese par. Más bien con mi ex. Ese capullo del que no consigo despegarme aunque fuera él quien se fuera.
- ¿Y qué quiere? ¿Dar en la herida?
- Por mucho que quiera dar, ya no hay herida, sólo queda una cicatriz.
- Mejor así. ¿Y qué quiere ahora?
- Buena pregunta, pero me imagino que se habrá cansado de su último lío y viene a ver si sigo “loca por él”, el muy cretino.
- ¿Y no lo has aclarado?
- Yo sí, pero se hace el que no se entera y vuelta a empezar. Tantea el terreno insistentemente y no me deja en paz. Por eso prefiero decirle las cosas claras de entrada y que busque otro lío para que a mi me deje seguir tranquila con mi vida.
- ¿Qué pasa que tiene un enganche contigo?
- No lo creo, más bien pienso que está mal de la cabeza y que no sabe como callar su conciencia.
- ¡Hombres! Y luego las complicadas somos nosotras…
- La cosa es que en breve vendrá a buscarme y tendré otra charla igual que la de hace unos  seis meses.

En ese momento se acerca Sergio y les dice, dirigiéndose a Silke:
- No te dejes engañar por la bruja ésta, que acabarás haciéndole budú a tu jefe un sábado noche.
-¡Oye! - Exclama Bárbara.
- Pues no estaría mal… quien dice jefe dice ex, camareros grandotes…
- ¡Ey! - Dice Sergio - En vez de una bruja, ¡Sois dos!
- ¿A qué no sabes quien es? - Le pregunta Bárbara.
- No.
- ¡Es @Sburb en Twitter!
- ¡No me digas! ¡Qué pequeño es el mundo! Ya tienes un amigo aquí.

Silke se levanta de la mesa saluda a Sergio con dos besos, dándose cuenta de que Luis está esperando fuera en el coche. Cuando va a pagar Sergio invita tanto a Silke como a Bárbara a la consumición. Según se iba, Bárbara le dice:
- Cuando te hayas librado de ese pelma escribe un tweet clave para saber que estás en casa.
- ¡Ok, lo haré! - Mirando a Sergio - ¡Hasta la próxima!
- ¡Aquí estaremos! ¡Vuelve cuando quieras!
- ¡No lo dudes!

E inmediatamente después, Silke sale de la cafetería sin despedirse de Brais y sin mirar atrás.


lunes, 17 de junio de 2013

BAJO UNA ACACIA VI



Mientras, en otra mesa, Silke se encuentra metida en sus pensamientos y elucubraciones, castigándose a sí misma.

“Silke eres una mentirosa. ¡Te vas a quemar en el infierno! aún no sé como se me ocurrió venir aquí, de donde sacaría yo esta idea absurda. He quedado como una torpe e incluso me ha parecido notar que Brais se ha acercado por compromiso. ¡Que digo parecido! Ha sido más que evidente. ¿Seguirá con “la tipín” esa? ¡Pues claro que sí! Está amargado, así que sí.”

Silke da un sorbo a su batido y luego otro y otro y otro… todo esto con la mirada fija en un libro al que ya no prestaba atención era incapaz de concentrarse en la lectura.

“¡Nada, y encima, ni puedo disimular bien si quiera! ¡Menudo tango se están marcando las letras del libro! Muy oportunas por cierto… aunque por lo menos tengo colocado el libro al derecho. ¿Me están mirando? No, no. Ideas tuyas Silke, deja de creer lo que no es. Ehm pues sí, está mirando el amigo. ¡Que descarado! Pero no, no. Eso es imposible. ¡Otra vez! Pues va a ser que si.  ¡Para que luego digan que los tíos no son cotillas! Y lo peor es que vuelve a oscurecerse el cielo. ¡Vaya día de truenos que he elegido para hacer el tonto! ¡Con el miedo que tengo a las tormentas!”

En la calle, mientras, se había estado formando una tormenta que amenazaba con caer en breve, de hecho en la distancia se podían observar los primeros rayos cortando el cielo. Uno de los rayos fue a caer cerca, dejando a esa zona de la ciudad sin luz. Justo en ese momento del estruendo del rayo, mientras era atrapado por un para rayos, comenzó a sonar el teléfono móvil de Silke. Ésta comienza a buscarlo en su bolso pero no lo encuentra y el teléfono se queda en silencio.

“Vaya, que oportuno, ¡y encima no lo encuentro!”

Vuelve a sonar su teléfono con insistencia, y esta vez toda la cafetería escucha la sintonía del móvil. Como buena seguidora de Star Wars que se precie, su melodía es la Marcha Imperial.

“Ya estamos otra vez. ¿Dónde se habrá metido el teléfono? Esto me pasa por meter tanto “por si acaso” en el bolso. ¡Ah! Aquí estás. ¡Vaya el que faltaba!”

Silke miraba la pantalla del móvil y lee Luis. Le costó reaccionar hasta que se fijó en que todo el mundo de la cafetería tenía un ojo puesto sobre ella y sintiendo la obligación de responder a esa llamada que no le apetecía haber recibido. Así que contestó.

- ¿Si? Dime - Contesta Silke a la llamada.
- ¿Dónde estás? Llegas tarde - Dice su interlocutor.
- No llego tarde a ningún sitio - replica ella.
- Sí, estoy esperándote - Comunica Luis.
- ¿Por qué ibas a estar esperándome? - Pregunta Silke medio incrédula.
- Habíamos quedado. Estoy en la puerta de tu casa. - Aclara Luis.
- No habíamos quedado. Tu hiciste una propuesta y te dije que no. - Respondió Silke enfadada.
- Oye, ya que estás por ahí y como seguro que estás sin paraguas, voy a buscarte, te acerco a casa y de paso charlamos… - Propone Luis con una voz sugerente.
- Pues no creas que me apetece verte, pero como vas a estar llamando hasta aburrirme, ven. Estoy en la cafetería Sol del Paseo Marítimo. Pero desde ya te digo que la respuesta es y será NO.
- Bueno, ya veremos… - Sentenció Luis.

Silke colgó el teléfono de muy mal humor y volvió a la realidad. Miró a su alrededor y sintió como si todo el mundo le hubiera estado escuchando y observando. Y dijo, en voz alta sin darse cuenta: “¡Vaya mierda!”

Mientras sus pensamientos eran tales como:
“Por suerte tiene que llamar este memo ahora, y venir encima. Y se creerá que le tengo que dar las gracias por nada… Bueno sí por fastidiarme el plan. ¡Mi gran plan caótico! Encima va a venir Luis estando aquí Brais… ¿Habrá escuchado la conversación? Tengo la ligera sensación de que me ha oído toda la cafetería. ¡Ay madre! ¡Que desastre! Estoy por pedirme una copa bien cargadita. Aunque mejor no, no vaya a ser que termine de arreglar el día… Silke, recoge y acércate a la barra a pagar y a terminar la tarde con dignidad”.




sábado, 8 de junio de 2013

BAJO UNA ACACIA V


Brais al llegar a su mesa compartida recibe una mirada expectante de su amigo que se muere de ganas por hacerle rabiar.
- Ya estoy aquí - Anunció Brais
- Ya te veo… Con una sonrisa de oreja a oreja por cierto… ¿Qué tal la charla? - Le pregunta David pícaramente.
- Pues que quieres que te diga, como todo este tipo de charlas. - Replica Brais.
- No sé a que te refieres. - Dice David asombrado.
- Te lo tengo que explicar todo, pues que es una de esas personas a las que hablas por caridad, porque te da pena. - Explica Brais.
- ¡Que asco! Me acabas de recordar a Armando. - Replica David.
- ¿A Armando? ¡No fastidies! - Responde Brais ofendido.
- Pero calcadito, además,,, - Remarca David con saña.
- ¿Ya estás con tus puyas? - Pregunta Brais en tono ofendido.
- ¡¿Puyas?! Esta vez no, te lo aseguro. Soy tu amigo y te digo que así no vas bien. ¡¿Cómo se te ocurre decir que hablas a alguien por pena?! ¡Tú no eres así! - Respondió David cabreado.
- O quizás sÍ lo sea. ¡Llevo una temporada bastante estresante! ¡De mal humor! Y necesitando pensar un poco en mí.
- A ver Brais, que necesites pensar en ti lo entiendo, y que en estos momentos haya cosas que te molesten más ahora que antes, también. Pero lo de hablar a alguien por pena… No. Por ejemplo Silke. ¿De verdad le metes en el círculo de la pena?
- Sí. - Respondió Brais secamente.
- Pues si es así, es mejor que le ofrezcas sólo un saludo o mejor, que no le dirijas la palabra y acabas antes. Y más si a esa persona se le ve que es maja. De esas que no traicionan y que además tienen ese toque adorable. - Manifiesta David.
- Tu estás fatal… ¿Adorable?- Pregunta incrédulo Brais.
- Sí. Tiene miedo a los relámpagos. Adorable. Ni se te ocurra girarte que le hablas por pena. - Advierte David al ver la intención de Brais.
- Eres un cabrón, ¿Te lo había dicho?
- Alguna que otra vez. Pero tú te has vuelto un verdadero amargado. - Dijo David entre risas.
- ¿Sin acritud, no?
- La verdad es que con toda la acritud del mundo. Últimamente no te reconozco, en serio. No te reconozco. No sé qué te han hecho, pero has dado un giro de 180º.
- Pensé que no se me notaba tanto, pero después de lo que he pasado con Candela… no me he reencontrado conmigo mismo y menos con la humanidad… - Confiesa Brais a David.
- ¡Pues por lo que más quieras reencuéntrate de una vez! Porque tú con mal de amores eres un demonio y encima ligón. - Dice David para quitar peso a la conversación.
- Si no pones la puntilla no puedes vivir. No sé como tú puedes haber tenido esa suerte con las mujeres. - Dice con cierta envidia Brais.
- ¡¿Suerte?! - Pregunta David extrañado - Que concepto más raro tienes tú de la suerte. Vamos, que decidan que su trabajo es más importante que tú, tampoco es una gran suerte.
- Eso es un pequeño desencuentro.
-¡¿Pequeño desencuentro?! - Exclama David.
- Pero quedasteis como amigos, ¿o no? Lo arreglasteis así, hablando.
- ¡Que remedio! - Asume David resignado y poco convencido.
- No me he explicado bien. Ya sé que fue un palo para ti, pero Celia era buena persona. Si ahora necesitases algo, ella estaría ahí como una amiga. - Aclara Brais.
- Sí, Celia es buena persona. Hasta ahí de acuerdo. Incluso su familia me sigue tratando como a uno más. - Reconoce con cierta pena.
- A eso es a lo que me refiero. Buena gente. Siempre das con buena gente.
- Sencillo, busco buena gente, no busco otra cosa. Incluso con las “amigas”. - Explica David.
- Seguro… Ve diciéndome tu  truco. - Responde con perspicacia Brais.
- ¡Eh! Ese tonito colega… - Dice sonriendo David - Pero para que veas que soy buen amigo te diré que lo único que hago es buscar a alguien en el que pueda ver que, si discutimos, el mundo se le cae encima como me pasa a mí, y que si en algún momento se traga su orgullo sea sólo para abrazarme, es mi chica.
- Eso hago yo y no me da los mismos resultados.
- No. Tú buscas Barbies. - Replicó David.
- Claro, sólo yo… por eso todas tus ex, son preciosas.
- Sólo diré, que yo no hablo a nadie por pena… - concluyó David.

Mientras, en otra mesa…

Blanka


viernes, 31 de mayo de 2013

BAJO UNA ACACIA IV


Mientras Brais se  iba acercando a la mesa de Silke se fue fijando en las dos mujeres que habían llamado la atención a David, llegando a la conclusión de que Silke y la chica desconocida si que se daban ese aire del que hablaba su amigo. Complexión similar. El pelo ondulado, que aunque de longitud similar, el color variaba por muy poco, siendo unos tonos más oscuros el pelo de Silke que el de la otra chica, que era más rubia. Las dos con ojos de forma almendrada, más grandes los de Silke y con un color verde impactante frente a los castaños de la desconocida. Esto tendría que aclarárselo después a David.
Llegó a la mesa siendo observado por la chica desconocida que parecía haberse dado cuenta de que la había estado observando, al contrario que Silke que seguía enfrascada en su libro.
Brais comenzó la conversación con un hola abierto que despertó de su concentración a Silke que respondió asustada con otro hola y a punto estuvo de saltar y salir corriendo al comprobar quien se dirigía a ella.
- ¿Qué tal todo? Hacía mucho tiempo que no te veía… - Continuó Brais.
- Pues todo bien como siempre, sin mucha novedad que contar. - Respondió ella.
- Bueno, a veces eso es ya una buena noticia
- La verdad es que sí, aunque de vez en cuando también se agradece algún cambio.
- Sí, también es cierto. ¿Y cómo es que estás por esta zona?
- He llegado de casualidad, salí de casa con la intención de dar un paseo pero al final me tuve que guarecer de la lluvia.
- ¡Vaya! Siento lo de tu paseo.
- Son cosas que pasan, de todas formas he aprovechado para leer. ¿Y tú?
- Pues creo que nos ha pasado prácticamente lo mismo. Salí a dar un paseo con un amigo y al final tomaremos unas cañas antes de volver a casa. Y ahí le he dejado solo, tendré que ir a ver qué hace.
- Muy bien. ¡Me alegro de haberte visto!
- ¡Igualmente! ¡Hasta otra!

Y Brais se volvió a la mesa con David.

Blanka


sábado, 18 de mayo de 2013

BAJO UNA ACACIA III


La puerta de la cafetería se abrió y entraron un par de grupos de amigos montando ruido, por lo que Silke despegó la mirada pero enseguida se volvió a centrar en su lectura. No llegaron ni a pasar ni cinco minutos, cuando Brais entró junto con un amigo en la cafería. Venían riendo y sacudiéndose la lluvia que había vuelto a caer con fuerza e incluso a lo lejos se veían relámpagos. Se sentaron en una mesa en el lado opuesto de donde se encontraba Silke, que ni se había dado cuenta de su presencia. El lugar escogido por ellos dos, dejaba a David de frente a Silke y a Brais de espaldas.
Cuando ambos pidieron al camarero unas cañas y daban el primer sorbo, David echó una miradita por la cafetería. Mientras lo hacía Brais se  reía y movía la cabeza con gesto de negación, y dijo:
- ¡Ay que ver! ¡¿No cambias, eh?!
- Deformación profesional - le respondió.

Los dos se rieron, aunque David siguió curioseando hasta que sus ojos se pararon en un punto concreto del bar, y comentó:
- ¡Uff! ¡Vaya par de hermanas!
- ¿De hermanas? - Preguntó Brais
- Si no son hermanas, se dan un aire - Respondió David.
- ¿Dónde?
- Justo en la otra punta del bar. Una enfrascada en un portátil y la otra leyendo.


Brais se gira y es cuando reconoce a Silke y le dice a su amigo:
- No son hermanas.
- ¿Las conoces? - Preguntó David intrigado.
- Sólo a una de ellas, que por cierto es amiga de Susana.
- ¿Qué? - Dijo extrañado David
- Si, como lo oyes. ¿Susana no te ha presentado nunca a Silke?
- No, aunque ha salido alguna vez ese nombre en alguna conversación, pero nada más.
- Pues debes ser al único al que no se la presentado.
- ¿Esa chica es Silke? ¡Quien lo iba a decir! Voy a tener que hablar seriamente con Susana. - Medita en voz alta David.
- ¿Por? ¿Sabes algo que yo no sepa? - Preguntó extrañado Brais
- No sé si debería contártelo pero cuando me lo contó Susana no pude dejar de reírme en días. Por lo visto se la presentó al chulo de Armando, así en plan cita a ciegas. Y ella ni corta ni perezosa en un despiste se piró. Y les dejó plantados allí, a la propia Susana, a Marcos y a Armando.
- ¡No me digas! - Exclamó Brais y empezó a reírse con ganas, como si no lo hubiese hecho nunca, y en realidad era cierto. Hacía varios meses que no se reía así.

En cuanto pudo controlar la risa, Brais comunicó a David que se acercaba a saludar a Silke.
- Voy a acercarme a saludar, enseguida vuelvo.
- Tómate el tiempo que quieras.

Blanka




viernes, 10 de mayo de 2013

BAJO UNA ACACIA II


Así que ahí estaba, sentada justo en la mesa que ofrece una visión perfecta de toda la cafetería. Mientras esperaba sentada comenzó a sentir ansiedad y cada vez que se abría la puerta daba un saltito involuntario en la silla e incluso sentía un cosquilleo por las piernas cada vez que escuchaba una voz profunda. Se llegó a decir a sí misma que parecía una psicópata acosadora y que si Brais no aparecía, no volvería a hacer una locura de este tipo otra vez.
Silke salió de sus pensamientos gracias a la chica que estaba sentada en la mesa de al lado con su portátil. Esta chica dijo en voz alta y con una clara intención de ser escuchada: “A ver que yo aquí vengo por la wifi no por la cerveza”
El comentario iba dirigido de una manera obvia al camarero que a su vez sonrió y se dirigió hacia la chica para decirle:
-¡Ya estamos Bárbara!
- Si no te digo estas cosas ni te enteras que estoy aquí.
- ¡¿Cómo que no?!
- ¡Ingrato! ¿Qué tal el día?
…..

Silke, viendo que estos dos se conocían y que probablemente eran amigos, se centró en su situación, miró por la ventana y se fijó en que había dejado de llover aunque el cielo pronosticaba una tormenta y de las grandes. Menos mal que había sido previsora y se había traído un libro, que acompañado de un batido estaba haciendo muy llevadera esa tarde lluviosa después de todo.
Con la mirada aún perdida en el exterior tanteó buscando su marca páginas personalizado, y se enfrascó en la lectura ignorando todo a su alrededor.

La puerta de la cafetería se abrió y…



sábado, 4 de mayo de 2013

BAJO UNA ACACIA I.




Silke se acercó a la cafetería. Hacía tiempo que no le veía, aunque lo peor que llevaba era su falta de noticias. Sólo había charlado con Brais un par de veces, nada memorable. Fueron unas conversaciones tan educadas como intrascendentes. Pero que aún sin ser muy relevantes, para ella habían significado mucho, tanto como poder dejar de sentirse invisible. Él podía no hacerla mucho caso pero no ignoraba su presencia, su vida o su existencia.
Por su parte, Brais, no había dado mayores explicaciones, simplemente desapareció, no sin antes haber comentado un par de cosas que revelaban ciertos detalles de su marcha, algo así como una especie de explicación de lo que le estaba agobiando.
A Silke, por supuesto le habían llegado esos rumores pero no les dio mayor importancia ya que no era la primera vez que los escuchaba, así que se figuró que en cuanto pasaran un par de días él volvería.
Se equivocó. Brais no volvió a aparecer. Así que ni corta ni perezosa decidió presentarse en la cafetería donde le había visto por primera vez, y comprobar in situ si todavía paseaba cerca de la zona o incluso si tenía mucha suerte él podría pasarse por allí.

Blanka